En gran lugar
anegado



BREVE RESEÑA


INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA


img   FUNDACIONES PREHISPÁNICAS

Conforme el tiempo fue transcurriendo, se fueron conjuntando diversos caracteres propios de cada región y sus habitantes, que dieron origen a las grandes civilizaciones que perduraron por varios siglos en los Valles de Mesoamérica; como prueba y testimonio de ello, son las zonas arqueológicas diseminadas a lo largo y ancho de la actual República Mexicana, que nos maravillan de una y mil formas remontándonos al tiempo y espacio en que fueron habitadas. Para conocer a las culturas desaparecidas, solo se cuenta con restos de materiales dispersos en la superficie, disimulados en elevaciones de terrenos, sepultados bajo campos de cultivo o en los cimientos de ciudades y pueblos actuales. En el año de 1987, se fundo el Proyecto Valle del Mezquital, siendo su director el arqueólogo Fernando López Aguilar, quien junto con alumnos y profesores de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, llevaron a cabo recorridos de superficie, registro de sitios y excavaciones en diversos puntos del municipio con el objeto de comprender las dinámicas poblacionales, características culturales, así como la demarcación de sus fronteras, con ello podemos comprender como se desarrollo la actividad humana de las culturas que nos antecedieron, las relaciones entre ellas, así como la temporalidad y extensión de los sitios que ocuparon.


Hacia el año 400 de nuestra era, nuevos pobladores provenientes de la zona de Tequisquiapan y del Rió San Juan, llegaron a la parte Noroeste del Valle del Mezquital. En la cima de las mesetas construyeron centros ceremoniales, orientados hacia el Norte, como el Pañhu, voz otomí que en español significa “Camino Caliente”; Zidada, “Nuestro Padre Dios”; Zethe, “Agua Fría”; Taxangu, “Casa Blanca”, entre otros. Considerados como sagrados, en estos sitios solo vivieron aquellos que desempeñaban un papel importante en la sociedad; tal fue el caso de los Sacerdotes y Gobernantes. El resto de la población vivía en las partes bajas, como Huesamenta, un asentamiento de la planicie, junto al Pañhu, allí los arqueólogos recuperaron varios collares, ajorcas y pulseras de concha. Los habitantes de estos sitios producían su propia cerámica; cultivaban Maíz, Fríjol, Calabaza, Chile, Algodón, Maguey y aprovechaban las Yucas, Nopales, Mezquites, Uñas de Gato, Garambullos, etc. Especies propias del semidesierto, el cual se extiende hasta el Valle del Marques, donde comienzan los bosques de encino, bellotas y madroños. Esta transición climática funciono a manera de frontera entre los Teotihuacanos y los habitantes del Zethe. Ambos grupos mantuvieron relaciones para obtener productos que les permitieran formar parte de la red de comercio del altiplano central, la más importante de la época. 1


img img  ÉPOCA TOLTECA

Los Toltecas llegaron a Tollan en el año 674 de nuestra era, de acuerdo a los anales de Cuauhtitlan, eligiendo como primer rey a Mixcoamazatzin en el año 700, quien gobernó hasta el 705, conservando enteramente las creencias y costumbres nahoas, sin que las tribus que encontraron a su paso influyeran en ellas; sin embargo, iban dejando en su égida su lengua, religión y calendario. Al consumarse la dominación Tolteca sobre grupos de origen Otomí, algunos abandonaron los sitios, que durante largos años ocuparon al no aceptar someterse, teniendo que emigrar en busca de lugares más húmedos que les permitieran desarrollar la agricultura a gran escala. Hacia el sur del Zethe, asentamientos importantes como: Antamatzittzi – Hueychiapa, Atlan, Acahualtzinco, Chiapantonco, quedaron sujetos al poderío de los Toltecas, por lo que fusionaron los nombres de las poblaciones que habían alcanzado cierta importancia, sin modificar del todo la esencia de su origen. La nación Tolteca, entre todas las que poblaron este territorio fue la más instruida, y la que mejor supo retener la memoria de su origen y antigüedad, hallando en su talento el modo de conservar y pasar a sus sucesores, las noticias de sus historia, ya fuera inventando jeroglíficos sobre pieles de animales, papel de maguey o de palma, en diferentes maneras; con hilos de varios colores que nombraban: ‘Nepohualtzintzin’ y que quiere decir, ‘Cuenta de los Sucesos’. También alcanzaron con claridad el origen y principio de todo el universo, porque asientan que en el cielo y la tierra y cuanto en ellos se encuentra, es obra de la poderosa mano de un dios supremo único, a quien dieron el nombre de ‘Tloquenahuaque’,que quiere decir ‘El Creador de Todas las Cosas.’ Después del año 700, la distribución de los asentamientos, los modos de subsistencia, la organización política y social, habían cambiado; nuevos pueblos fueron erigidos en las cimas de las lomas y otros más, en los alrededores de las viejas aldeas, a esta transición los Arqueólogos la denominaron como: ‘Cultura Coyotlatelco’, quienes aprovecharon materias primas locales como el silex, el basalto y la obsidiana negra del cerro Cohuatepetl (Hualtepec), para la elaboración de herramientas de trabajo, armamentos para la caza y defensa de sus poblaciones.


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Después de que los toltecas adquirieron el dominio del Mezquital, entre el 900 y el 1100 de nuestra era, la gente adopto aquella cultura a la suya y se trasladó a las inmediaciones de ciertos recursos básicos, como los manantiales y a lugares estratégicos para defender y vigilar el acceso al Valle, participando en las redes de intercambio comercial con regiones tan distantes entre sí como la Sierra Gorda de Querétaro, Pachuca, el Estado de Puebla, Zinapecuaro, las costas del Golfo y del Pacifico e incluso el Sureste de México. Sitios como la Peña, Santa Maria del Pino, Boxaxum, el Fraile y Viteje, controlaron las tierras fértiles de la región y la distribución de sus productos. Además, explotaron los bancos de arcilla y los yacimientos de silex. Sabina Grande, fue uno de los sitios más importantes localizados en la frontera entre los grupos Coyotlatelco del Valle del Marques y los habitantes de Hueychiapa. Su padrón de asentamiento coincide con el de las fundaciones Toltecas; sin embargo, la influencia de esos pueblos solo fue ideológica, mediante la reelaboración y fusión de sus tradiciones materiales. Ejemplo de esto es una variante local de la cerámica Coyotlatelco. Por su ubicación en aquella frontera, Sabina Grande formo parte del Complejo Hueychiapa, el cual incluye, para otra temporalidad (700-950) a Atlan, establecido durante la ocupación más tardía de los grupos Teotihuacanos. 2